domingo, 9 de mayo de 2010

Red nacional de carreteras


Muchos son los países de Europa en los que el paso de la civilización romana ha dejado una huella imborrable. En el caso de España el sello de los que dominaron estas tierras hace dos mil años, es más que patente y su influencia alcanza aspectos tan diversos de nuestra sociedad como la lengua que hablamos, el arte, las tradiciones o la gastronomía. Ahí tenemos impresionantes construcciones como el acueducto de Segovia o la Muralla de Lugo; edificios como el teatro romano de Mérida o joyas artísticas como los bustos y mosaicos encontrados en Itálica o en la Villa de La Olmeda de Saldaña (Palencia), ejemplos ilustres del paso latino por Hispania.

Hoy nos gustaría detenernos en una de las principales aportaciones del imperio para el avance de la sociedad: nos referimos a las calzadas romanas. La red viaría construída en aquella época permitió comunicar los principales nucleos de población (todos los caminos llevaban a Roma). Hablamos de más de cien mil kilómetros de calzadas formadas por resistentes losas que se extendían por toda Europa, con una anchura de entre cuatro y seis metros y una profundidad de firme entre medio y un metro. Normalmente la superficie de estas calzadas era ligeramente más alta en el centro que en los márgenes, con el objetivo de drenar el agua y poder ser utilizada durante todo el año.

Aunque la razón inicial que impulsó la costrucción de estas arterias era militar, con el paso del tiempo el comercio, la cultura y la religión, también se beneficiaron de estas infraestructuras que dinamizaron la economía ya que el flujo de mercancías se realizaba de una forma mucho más rápida, llegando fácilmente a ciudades y pueblos del interior del continente y no solo a las zonas costeras como era costumbre de comerciantes griegos y fenicios.

En nuestro país, las principales "autopistas" eran cuatro:

Vía Hercúlea/Vía Augusta, que unía Ampurias con Cádiz a través de toda la costa mediterránea, pasando por poblaciones tan destacadas como Barcelona, Tarragona, Sagunto, Cástulo o Córdoba.

Vía del Norte: también partía de la actual Cataluña (Tarraco) dirección oeste, hasta llegar a Astorga y pasando por ciudades como Zaragoza, Numancia o León.

Vía de la Plata (que los romanos no llamaron así, sino Via Lata, o sea, ancha, de donde viene "latitud"): unía Itálica (muy cerca de la actual Sevilla) con Astorga, dejando a su paso poblaciones como Mérida, Alcántara o Salamanca.

Vía del Atlántico: Unía Itálica con Lugo a través de toda la costa atlántica.

La mayoría de estas vías pasarían con el tiempo a convertirse en caminos reales primero y más adelante, con la llegada del automóvil en las carreteras nacionales y autopistas más importantes por las que podemos viajar en la actualidad.

En nuestra comunidad de Cantabria -aunque no figura en el mapa de las calzadas más importantes de arriba- también hubo una red considerable de vías romanas. Algunos restos son todavía bien visibles y practicables para un buen paseo, como demuestran estas imágenes de la Cambera de los Moros en San Vicente del Monte.



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