lunes, 25 de julio de 2011

La violación de Lucrecia


Siguiendo con el teatro clásico, los días 20, 21, 23 y 24 de agosto, tendremos la oportunidad de ver dentro del programa del Festival Internacional de Santander,  estamos de enhorabuena, La violación de Lucrecia, de William Shakespeare, un monólogo dramático interpretado por una de nuestras mejores actrices, Nuria Espert,  capaz de llenar ella sola con su voz, talento y presencia todo un escenario. 

Son muchas las obras de Shakespeare que se han inspirado en pasajes de la historia romana: Tito Andrónico, Julio César, Antonio y Cleopatra, Coriolano... y, cómo no, este poema narrativo que nos llega ahora, que trata de un hecho mitad histórico mitad legendario en el que los romanos cifraban el fin de la monarquía y el comienzo de la república. 

Sexto Tarquinio, el hijo del que será el último de los siete reyes de Roma, se presenta en la ciudad y pierde el sentido ante la belleza de la esposa de su amigo Colatino, la casta Lucrecia, deslumbrado por la "voluptuosa castidad y la casta voluptuosidad" de la mujer,  que lo recibe hospitalariamente. Tarquinio, al día siguiente se introduce furtivamente en el dormitorio de Lucrecia por la noche, espada en mano.  Lucrecia, que estaba dormida, se despierta y le implora; Tarquinio la acosa con terribles amenazas y, finalmente,  la viola. 

 

Lucrecia hace venir a su esposo Colatino y a su padre, y les exige venganza. Cuando llegan ellos, Lucrecia se suicida. No podía vivir una vez perdido su honor, de lo que no se sentía culpable pero sí merecedora de castigo, por lo que se clava un cuchillo en el pecho.  Se produce una disputa entre Colatino y el padre de Lucrecia. Interviene finalmente Bruto, compañero de Colatino, que sacando el cuchillo del pecho de Lucrecia, lo levanta al cielo jurando que expulsará de Roma a la impía familia de los Tarquinios. En el año 509 antes de Cristo, fue, efectivamente, expulsado de Roma Tarquinio el Soberbio y toda su familia,  proclamándose la república, que habría de durar quinientos años todavía.
 
Tanto la violación como el posterior suicidio de Lucrecia han sido temas  a los que han recurrido numerosísimas veces los pintores de diferentes épocas, desde que Tito Livio nos narrara magistralmente en su Ab urbe condita la historia de esta heroína, una mujer que aunque no se sentía culpable, sí se creía merecedora de castigo. Arriba, un ejemplo de Lucas Cranach el viejo (1532). 

martes, 19 de julio de 2011

¡Se alza el telón!

Una buena noticia para los amantes del teatro en general y del clásico griego en particular es la representación que tiene lugar en estos días en Madrid, en el Teatro Español,  hasta el 24 de julio, de Los Persas de Ésquilo en versión del poeta Jaime Siles. Los Persas es la primera tragedia griega que conservamos, escrita hace dos mil quinientos años por Ésquilo, que constituye un manifiesto contra todas las guerras.

Tiene dos particularidades, además: su temática es histórica (la derrota del ejército persa de Jerjes por los atenienses; el propio Ésquilo había participado en las batallas de Maratón, que da nombre a la célebre carrera, y, quizá, en la de Salamina también contra las tropas invasoras) y no mitológica, como será habitual en las tragedias posteriores; y   que, escrita por un griego,  se pone en el lugar de los vencidos, los persas, que dan título a la tragedia, y expresa como muy pocas obras una compasión hacia los enemigos, con un tratamiento teatral bastante respetuoso hacia su dolor y su derrota.
 
Si no podemos ir a verla, aquí tenemos unas imágenes sobre el montaje de esta obra:



Se representará también la comedia La asamblea de mujeres, de Aristófanes, que pudimos nosotros ver el otoño pasado en el Palacio de Festivales, pero esta vez se trata de una gran coproducción del Festival de Mérida y del grupo Smedia, que se podrá disfrutar en el teatro Compac Gran Vía de Madrid del 18 de agosto al 11 de septiembre. Este es el cartel de la comedia:




sábado, 2 de julio de 2011

Plaza Sýntagma

Últimamente suena mucho en la televisión y en la radio y se lee también en los periódicos el nombre de esta céntrica plaza de la capital griega, donde  se encuentra el parlamento. ¿Qué pasa allí para que se hable tanto de ella?  En ella, tomada literalmente por la policía, se manifiestan los indignados atenienses en contra de las medidas adoptadas por el gobierno heleno y refrendadas por dicho parlamento, un parlamento que debería representar, se supone, la voluntad popular y que representa más bien lo que por estos pagos nuestros se ha llamado la "lógica (sic) de los mercados". Nunca ha habido un divorcio tan  grande entre el pueblo y sus supuestos representantes, unos políticos que, más que políticos, son economistas, hasta tal punto se han confundido el Estado y el Capital.

¿Quiere decir algo "sýntagma" en griego? En efecto, la palabra nos suena muy culta, muy técnica pero, aunque sea un helenismo, no nos suena extraña. "Sýntagma" es el resultado de la acción de "syntasso" o "syntatto",  que significa "constituir"; por lo tanto quiere decir "constitución". La plaza de la que tanto hablan es la Plaza de la Constitución. 


En gramática usamos este término cuando hablamos de grupos "sintagmáticos",  es decir,  constitutivos de una frase; sintagmas son las palabras o agrupamientos de palabras que tienen una misma función y que analizamos, descomponemos, separando sus elementos constituyentes,  cuando practicamos el análisis sintáctico, precisamente. La sintaxis se ocupa del estudio de los sintagmas.

Volviendo a la actualidad griega, de la que tanto se habla estos días,  mientras los políticos votan que sí a las imposiciones de los mercados, dos manifestantes  frente al parlamento y a la policía que lo custodia,  muestran una pancarta que expresa la voluntad popular,  y que dice, en la lengua de Homero: "óji", o sea, ¡No!