domingo, 29 de septiembre de 2013

Más de Montt

(Thebis: en Tebas / anno: año / CDLXXX: 480 / ante Christum natum: antes de Cristo /
complexum habes /  tienes un complejo /  
Oedipum: a Edipo / omnes: todos / vituperabant:  criticaban)

Lo que nos plantea la viñeta es si Edipo, que da nombre al célebre síndrome homónimo que nos diagnosticó a todos los varoncitos Sigmund Freud, tenía ese complejo o no...


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(Mors: Muerte / Helvetica: suiza)

La viñeta nos presenta a la Muerte armada no con una guadaña al uso, sino con un cuchillo o navaja de las que se han dado en llamar suizas: son una herramienta que incluye, además de cuchillo o navaja, otras varias funciones: tijera, abrelatas, descorchabotellas, lima, etcétera. 

Suiza, país plurilingüe donde los haya, se llama Schweizerische Eidgenossenschaft en alemán, Confédération suisse en francés, Confederazione Svizzera en italiano, y  Confederaziun svizra en romanche, pero su denominación oficial es Confoederatio Helvetica, en latín, o lo que es lo mismo CH, su código internacional.

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(Ultima hora!: ¡Última hora! /Omnes politici: Todos los políticos profesionalesduarum principalium factionum: de los dos partidos principales / decreverunt: han decidido se: que (ellos) / cras: mañana / patriam relicturos: abandonarán el país / et numquam redituros esse: y no volverán nunca más / ad rem publicam... liberandam: para liberar al Estado / ex omnibus malis: de todos sus males).

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(nunc: ahora / preme: aprieta en / multiplicare: multiplicar / in panes et pisces: en "panes y peces"/
Fotoshopp lectiones: clases de Fotoshop / in Caelo: en el cielo )

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 (omnes: todos / habemus: tenemos / ius: derecho / ad iustum (prae)iudicium: a un (pre)juicio justo)

Una de las frases hechas más cacareadas es que la justicia es igual para todos; otra, que todos tenemos derecho a un juicio justo. Montt hace un juego de palabras juicio/prejuicio y lo que dice el personaje de su viñeta es que  ya que los demás se hacen una idea de nosotros a priori, es decir ya que nos juzgan antes (prae- en latín) de conocernos y nos cuelgan un sambenito, deberíamos exigir que ese pre-juicio sea justo. Observa la relación etimológica de IUS (derecho, justicia) con IUSTUS (conforme a derecho, justo) y su negación IN-IUSTUS, con IUSTITIA e INIUSTITIA, que son las cualidades, y con IUDICIUM (juicio) que es el dictamen de un IUDEX (juez); precisamente el IUDEX es el que IUS DICIT, es decir, el que dice lo que es de derecho. Frente a IUDICIUM (juicio) ya existía en latín PRAE-IUDICIUM, que evoluciona en castellano a pre-juicio, por supuesto, pero también a per-juicio, lo que sugiere lo perjudiciales que suelen ser los prejuicios a la hora de relacionarnos con los demás y conocerlos.

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 (si necesse erit: en caso de que fuera necesario / crystallum rumpere: romper un cristal /
rumpe crystallum: rompa el cristal / tantummodo: solamente / in casu periculi: en caso de peligro)
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(ille: ese / mihi: a mí / non uidetur: no me parece / uera statua: una estatua de verdad / esse: que era / certe: cierto)

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 (nonne: ¿No...? / igitur: así pues / genium: un genio / desiderabas: deseabas)

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(nonne: ¿acaso no... ? / habes: tienes / amorem proprium: amor propio /
proprietarius: propietario / non sum: no soy,
sed: sino / inquilinus: inquilino).

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(collegae: colegas / primus passus: el primer paso/ ad problema resolvendum: para resolver un problema / est: es / admittere: admitir / problema nobis esse: queque tenemos un problema /
 in congregatione: en una reunión / mathematicorum anonymorum: de matemáticos anónimos).

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viernes, 20 de septiembre de 2013

Irse de casa



En algún País Semanal de hace algunos años, tal vez muchos, no puedo precisarlo, leí esta reflexión de hondo calado que hace Antonio Muñoz Molina sobre el hecho de estudiar lejos de casa, y que os ofrezco; una reflexión que se vuelve muy oportuna ahora que comienza un nuevo curso, y que algunos de vosotros, como el autor de este texto, con apenas dieciocho años cumplidos o todavía por cumplir, van a asomarse a una ciudad desconocida, lejos por primera vez del nido familiar, para iniciar estudios universitarios y otro aprendizaje no menos enriquecedor.

Resulta en otro orden de cosas pero relacionado con eso y con la Odisea de Homero muy interesante también la comparación que hace el artículo con el joven Telémaco, el hijo de Ulises/Odiseo, que fue en busca de su padre, al que no encontró, pero, por contrapartida, en el camino, como dice Muñoz Molina, hizo el descubrimiento inesperado de "su propia identidad de adulto". 

 Telémaco es recibido por el anciano Néstor en Pilos, según E.A. Bourdelle.
Irse de casa es probablemente la primera tarea necesaria en la educación de una persona joven. En la Odisea, que contiene casi todas las narraciones posibles sobre el desarraigo y el regreso, sobre los descubrimientos que aguardan en el entorno más cercano y doméstico y también en los abismos del mar y en las oscuridades del reino de los muertos, el joven Telémaco abandona la isla cerrada y segura de la infancia y el agobio de la casa materna para emprender un viaje en busca de su padre perdido, y en el camino lo que encuentra es su propia identidad de adulto.

Las pruebas y los terrores de la mitología antigua los encuentra cifrados en la vida de Dublín un día de junio de 1904 el moderno Telémaco Stephen Dedalus, que es un autorretrato de James Joyce y también una recapitulación de todos los héroes jóvenes de la literatura, de ese momento en la biografía de cada uno de nosotros en el que se nos presenta la tentación y el desafío, la necesidad de romper con el abrigo y la sombra de nuestros padres y el miedo a una intemperie en la que fácilmente nos podremos perder.

Los mitos, los personajes o relatos literarios, son cristalizaciones poéticas de la experiencia común. Se ha hecho mucha literatura, buena y mala, sobre el regreso a Ítaca, a la patria añorada, pero Ítaca, como aprende Telémaco, es también un lugar del que hay que marcharse a una cierta edad. 

 De la Ítaca de las complacencias infantiles y las rutinas familiares podían marcharse los Telémacos de provincias camino de la Universidad, y su principal aprendizaje no estaba sólo en las aulas o en los libros, sino en la exaltación de estar lejos, de enfrentarse a una ciudad desconocida y generalmente grande y verse forzado a tratar con personas completamente ajenas a la nómina estrecha del vecindario nativo y los lazos familiares. Pocas veces he conocido tan intensamente la felicidad y el miedo como la primera noche que me vi solo en Madrid, en vísperas de cumplir 18 años, cuando dejé mi maleta en el cuarto de la pensión y salí a dar una vuelta por lugares que aún conservan para mí un brillo de noche urbana y mitológica, después de tantos años, la plaza de España, con sus torres de vértigo para la mirada pueblerina del recién llegado, la rampa luminosa de la Gran Vía, con los faros de los coches y los letreros de los cines. 

Otras lecciones, otros saberes se olvidan: pero la emoción de encontrarse uno soberanamente solo en una ciudad donde cada paso le conduce a un nuevo descubrimiento es un aprendizaje que no se acaba nunca, que lo sigue guiando a uno hacia otras ciudades, que se repite con todo su primitivo entusiasmo cada vez que se examina una nueva habitación, se asoma a la ventana, se lanza a la calle.

Las aulas de la Facultad, los corredores, las bibliotecas, no nos atraerían tanto si no estuvieran lejos de nuestro mundo diario, y las mujeres con las que nos cruzamos serían menos deseables si no tuviesen un acento forastero. Desde la Edad Media, las universidades habían ofrecido al mismo tiempo la posibilidad de aprender y la invitación al viaje. Por algún motivo, en la España de las últimas décadas, el aire viajero de la enseñanza universitaria fue dando paso a una gradual parálisis de sedentarismo: habiéndose fundado una universidad casi en cada comarca, y volviéndose cada vez más impermeables las fronteras entre autonomías, el único viaje factible llegó a ser el viaje de estudios, en el que jamás nadie aprendió nada, a no ser los efectos de las primeras resacas y la deprimente monotonía de los claustros románicos y de los olores en los hoteles de tercera. 

A Telémaco ya nada le alentaba a salir de su isla, pudiendo estudiar sin alejarse de la comida casera, y colocarse enseguida en alguna consejería sin los sobresaltos amenazadores del mundo exterior. Ahora se ha creado el distrito universitario único, supongo que para aliviar un poco el paletismo vernáculo, pero parece que sólo una parte mínima de los estudiantes se anima a alejarse de los paisajes vecinales. Se habrá perdido la costumbre, o el instinto juvenil de marcharse, y además dicen los expertos que el dinero para becas es muy escaso, y que no hay muchas familias lo bastante prósperas como para costearle a un hijo los estudios en una capital lejana.

 Regreso de Telémaco, que es recibido por su madre Penélope, según Antonio Canova.

En mi calidad de antiguo becario y antiguo fugitivo, creo que irse a estudiar a una universidad de otras tierras no debería ser sólo aconsejable, sino también forzoso. En cuanto a las becas, ¿no habría dinero de sobra para quien lo mereciera con sólo rebajar una parte del que se tragan cada día, con el único fin de difundir la grosería y la ignorancia, las televisiones oficiales?












Antonio Muñoz Molina
El País Semanal

martes, 17 de septiembre de 2013

Con toda el alma



Aunque resulte un tanto problemático incluir el alma entre las partes del cuerpo humano, vamos a tratarla a ella, que es tan incorpórea y sutil,  a ella, que es la conciencia imaginaria del cuerpo,  como si fuera una parte más del todo, y, procediendo como Jack el Destripador, nos toca en nuestro despiece vérnoslas ahora con el alma inmortal.  

La palabra alma viene del latín ANIMAM, que en principio significaba aire y aliento vital. Tras la pérdida de la –M final del acusativo, nos encontramos con el cultismo ánima. Las ánimas son las almas de los difuntos que penan en el purgatorio, si es que sigue existiendo tal cosa,  antes de alcanzar la gloria bendita del cielo.  La palabra ÁNIMA, que es esdrújula, aunque se conserva por la vía culta y eclesial, que es la vía escrita, por la otra vía, por la oral y popular, evoluciona a ANMA, tras la pérdida de la vocal átona de la sílaba interior; y en ANMA se produce una disimilación parcial que obliga a la primera sonante nasal a convertirse en líquida, esto es, en L (en R en algunas zonas dialectales del español, donde se dice mi arma  en vez de mi alma) con lo que ya tenemos el resultado de ALMA.

En castellano, gallego y portugués decimos alma, pero conservamos el cultismo anima,  en francés se dice âme, en italiano anima, en rumano inima, donde vale por corazón, y en provenzal coexisten anma y arma.

En cuanto a los derivados cultos, tenemos el adjetivo anímico y el sustantivo animismo. Clasificamos a los seres en animados e inanimados, siguiendo el criterio de que el ánima es el principio vital, por lo que los seres animados son los seres vivos y los inanimados, con prefijo negativo in-, los inertes. Tenemos también el adjetivo y sustantivo animal, con el sentido de ser vivo o animado, y el verbo animar, y los dibujos animados o dotados de vida y movimiento.


Hemos de considerar como caso aparte el sustantivo derivado ya en latín,  ANIMUS, que evoluciona a ánimo, en castellano. Aunque el latín no es una lengua que se prodigue mucho en palabras compuestas, no tanto al menos como el griego, aquí tenemos unas cuantas derivadas de animus precisamente, que conservamos en numerosos cultismos:  ecuánime, exánime, magnánimo, pusilánime y unánime. El primero está formado por el adjetivo aequus –a –um, que significa igualitario, justo y equitativo, por lo que unido a animus, una persona ecuánime es alguien de juicio imparcial y de ánimo justo. El segundo, exánime, está formado con la preposición ex, que significa “fuera de”, como cuando decimos ex novio para calificar a alguien que ha dejado de ser lo que era, y animus con el significado de principio vital, vida, por lo que viene a ser lo mismo que muerto o sin señales de vida aparente.  El tercero está hecho con el adjetivo magnus –a –um, que quiere decir grande, por lo que magnánimo es aquel que tiene un espíritu amplio y generoso. El cuarto se forma a partir del adjetivo pusillus –a –um que significa pequeño, débil, flojo, por lo que alguien calificado de pusilánime es lo mismo que si dijéramos que es falto de ánimo y de valor para afrontar la realidad y su falsedad consustancial. El quinto y último está compuesto por unus –a –um y animus, por lo que unánime quiere decir si se aplica a personas que tienen el mismo parecer, la misma opinión, el mismo ánimo, y si se aplica a los ánimos que muchas personas coinciden en ellos.
 
Del verbo SPIRARE, que en principio significaba soplar, tomar aliento, expeler aire, exhalar un olor, derivó SPITITUM, que propiamente significa “soplo, aire”, y que al evolucionar al castellano dio espíritu siendo una de las pocas palabras latinas que, por influjo de la lengua escrita de los textos considerados sagrados, ha conservado la U final tras la caída de la M del acusativo, habiendo desarrollado una e protética delante de la S-inicial seguida de consonante o S- líquida. Esta palabra, que entra dentro del campo semántico del alma que tratamos, ha dado origen al adjetivo espiritual y a la espiritualidad pero también al espiritismo o supuesto trato con los espíritus de los muertos, a través de un intermediario que entra en trance y se comunica presuntamente con ellos y que se denomina con el latinajo médium. En relación con el significado propio de “soplo, aire”, tenemos en castellano el adjetivo espiritoso, que hace referencia al vapor sutilísimo que exhalan el vino y los licores. En inglés spirits, en plural, son bebidas con alta graduación alcohólica.

Del verbo SPIRARE, que evoluciona a espirar, es decir, tomar y echar aire,  conservamos muchos otros verbos derivados, que ya existían en latín,  aspirar  (de AD-SPIRARE), echar el aliento hacia algo, conspirar  (de CON-SPIRARE), respirar con otros, alentar lo mismo que otros, expirar (de EX-SPIRARE), exhalar el aire y hacerlo por última vez, por lo tanto, morir, inspirar (de IN-SPIRARE) inhalar aire, infundir, respirar (de RE-SPIRARE) soplar una y otra vez, suspirar (de SUB-SPIRARE) respirar hondo, desde abajo, y transpirar , que no existía en latín, sino que se creó en las lenguas modernas, con el significado del prefijo latino TRANS- , a través de, por lo que significaría “respirar a través de algo”.

Tomémonos un respiro, y pasemos al griego psyché, que viene a ser el equivalente semántico de ANIMA (alma, principio vital, espíritu) y de MENS (mente, inteligencia), y observemos el amplísimo campo de helenismos que conservamos en las lenguas modernas, relacionados con la psique y lo psíquico:  por un lado la psicología o ciencia que estudia el comportamiento de la mente humana,  y por otro la psiquiatría, que como especialidad médica se ocupa de su salud.

La Real Academia permite que se escriba sicología y siquiatría, que responden a nuestra pronunciación, en lugar de psicología y psiquiatría, pronunciar cuya P nos supone un esfuerzo ímprobo. Sin embargo, en inglés, francés, alemán (e incluso italiano) se mantiene sin ningún problema. Esto unido a que la letra griega psi se ha convertido en el anagrama de los psicólogos hace que se conserve. Parece que a los psicólogos y psiquiatras no les gusta que se les quite la P inicial, porque es como si le faltara algo a su oficio, es como si le quitara gravedad y seriedad, lo que unido a que la sicología sin pe inicial es la ciencia que se ocupa del estudio de los higos hace que se entienda mejor su resistencia.

La letra griega mayúscula Psi se utiliza, sobre todo en el mundo anglosajón, como anagrama de la palabra psicología.
 
Uno de los más bellos relatos que nos ha transmitido la antigüedad es el cuento de Alma y Amor, o de Psiqué y Cupido, inserto como cuento independiente en la novela latina Metamorfosis o El asno de oro de Apuleyo.  En este cuento la bella Psiqué, vamos a conservar la acentuación aguda griega de la palabra,  es castigada por la diosa Venus a que todos los príncipes de este mundo se olviden de ella, porque les parecerá inalcanzable, y a que de ella se enamore el ser más horrible que haya en el mundo: la Bestia del cuento. El encargado de que se cumpla el enamoramiento es, como siempre, el hijo de la diosa,  Cupido, alegoría del Amor, quién cuando ve a Psiqué, por su parte, no puede evitar caer rendido ante su suprema belleza y enamorarse perdidamente de ella, porque lo que sugiere el relato es que el monstruo más monstruoso que hay en el mundo es el propio Amor.

Tenemos, pues, al cazador cazado, al Amor enamorado de una bellísima doncella con nombre parlante:  Psiqué, el alma. Una vez celebradas las nupcias, una boda en la que parecía que la novia se casaba con la propia muerte, el Amor arrebata a la doncella y se la lleva consigo a un palacio maravilloso de ensueño donde ella y él son inmensamente felices, pero el esposo le impone una condición a la amada difícil de cumplir: no puede ver de día al amado ni saber quién es, sólo se encontrarán en la oscuridad de la noche en la alcoba.

La curiosidad de Alma, despertada por sus malvadas hermanas que envidian su felicidad, hace que una noche después de hacer el amor con su marido, cuando él se da la media vuelta y se duerme, ella acerque una candela para ver su rostro: el amado se despertará sobresaltado y abandonará a Alma, que se verá así desanimada y condenada a vivir sin Amor, el monstruo más hermoso que podía haber. Ha perdido el amor cuando lo ha conocido, cuando ha descubierto que su marido, la Bestia, era el Amor.

Comienza entonces la larguísima peregrinación de Alma por el mundo en busca del amado… Tras la superación de varias pruebas que le son impuestas, Alma, casi exánime, es perdonada por la diosa, y le concede a su hijo el Amor que se una con ella, a la que le regala como recompensa el don de la inmortalidad. Desde entonces, el Alma, unida al Esposo, es inmortal; y de su sagrado matrimonio nace una niña que llevará el nombre latino de Voluptas, la voluptuosidad, o sea, el placer.

La famosa escultura de Antonio Canova, conservada en el museo del Louvre de París, representa la unión de Alma y el alado Amor.

miércoles, 11 de septiembre de 2013

Feliz quien, como Ulises...

Heureux qui, comme Ulysse... Así comienza uno de los sonetos más famosos de la literatura francesa, debido a la pluma de Joachim du Bellay, el númro 31 de Les Regrets, que contiene dos alusiones clásicas a Ulises y a Jasón el argonauta, prototipos del viajero universal. Su autor, en pleno siglo XVI, se adelantó de alguna manera al romanticismo y favoreció el spleen de Baudelaire con su melancolía y su nostalgia trescientos años antes de que el poeta maldito nos regalara sus impagables Flores del Mal.

Heureux qui, comme Ulysse, a fait un beau voyage,
Ou comme cestuy-là qui conquit la toison,
Et puis est retourné, plein d'usage et raison,
Vivre entre ses parents le reste de son âge !

Quand reverrai-je, hélas, de mon petit village
Fumer la cheminée, et en quelle saison
Reverrai-je le clos de ma pauvre maison,
Qui m'est une province, et beaucoup davantage ?

Plus me plaît le séjour qu'ont bâti mes aïeux,
Que des palais Romains le front audacieux,
Plus que le marbre dur me plaît l'ardoise fine :

Plus mon Loire gaulois, que le Tibre latin,
Plus mon petit Liré, que le mont Palatin,
Et plus que l'air marin la douceur angevine.



El cantante francés Ridan ha puesto música al soneto de Du Bellay, al que ha añadido algunas estrofas de su cosecha sobre la aventura de las sirenas de Ulises. Así suena. Espero que os guste el vídeo, que tanto musical como visualmente resulta muy atractivo.


Y he aquí la versión que hace todo un clásico de la chanson francesa, el maestro,  Georges Brassens, chapeau!, que convierte el poema en un canto a la libertad y a su Provenza y su Camargue natales.



Y he aquí la traducción que me atrevo a dar de dicho soneto, en alejandrinos y con rima consonante: ABBA ABBA CCD EED, respetando el ritmo yámbico del original:

Feliz quien,  como Ulises,  tras larga travesía,
o como el otro aquel que conquistó el vellón (1),
ha regresado luego, con mundo y reflexión,
a casa de sus padres hasta su último día.

¿Cuándo volveré a ver, ay, de la aldea mía
ahumar la chimenea, y, cuándo, a la sazón,
veré otra vez el huerto de mi humilde mansión,
que es para mí mi reino, y es aun más todavía?

Me gusta más el techo que alzaron mis abuelos
que el frente de un palacio romano de altos vuelos,
y más que el mármol duro la pizarrilla fina.

Amo mi Loira galo más que el Tíber latino,
más mi Liré(2) modesto, que el monte Palatino,
más que brisa del mar la dulzura angevina (3).


NOTA BENE: 
1) Alusión al argonauta Jasón que con la ayuda de Medea conquistó el toisón, vellón o vellocino de oro.
2) Nombre de la localidad natal de du Bellay, una pequeña población del departamento de Maine-et-Loire, en la región de Pays de la Loire en Francia.
3) angevina: gentilicio de la localidad francesa de Angers, la antigua capital de Anjou, en el mismo departamento y región que Liré. La  "douceur angevine", que traducimos literalmente como "dulzura angevina", es una expresión nostálgica y melancólica relativa a la vida del campo y a la patria chica que añora el poeta cuando se hallaba en Roma en misión diplomática. Estamos, en realidad, ante el tema literario horaciano del Beatus ille.   La susodicha expresión  recoge un tópico relativo a Francia que ya aparecía en La Chanson de Roland: la douce France, la dulce Francia, que él sustituye por la dulce Angers.  

lunes, 9 de septiembre de 2013

Cicerón, de rabiosa actualidad



Dos periódicos españoles de distinta orientación política como son La Razón, de derechas, afín al  gobierno, y Público, de izquierdas, crítico con sus políticas neoliberales,  se han ocupado recientemente de la publicación entre nosotros del libro del profesor norteamericano Philip Freeman titulado “Cómo gobernar un país”, editado por Crítica. El autor, profesor de lenguas clásicas, publica, bajo ese título,  una breve antología personal del pensamiento político de Marco Tulio Cicerón en edición bilingüe en latín y castellano, donde recupera la filosofía del célebre orador y escritor que llegó a ser cónsul de la república romana.


El artículo de La Razón, publicado el 2 de septiembre y firmado por J. Ors, se titula “Lecciones de Cicerón para los políticos de hoy”, y  hace valoraciones de tipo general como las siguientes (cito literalmente): En esta época de corruptelas y de camarillas, donde la voluntad y la inteligencia son denostadas y, en cambio, se recompensan las maniobras arteras de los espíritus sin escrúpulos, hay que volver la mirada hacia los que dictaron las leyes del buen gobierno. Que los discursos de Cicerón todavía sigan vigentes dice mucho del orador, pero bastante poco de nosotros, que da la impresión de que continuamos anclados en las servidumbres del dinero, en la ambición provinciana de querer subir por la escala jerárquica.

Para el periodista de La Razón, Philip Freeman ha recuperado en su libro la figura del filósofo romano para extraer un puñado de lecciones vigentes para los desorientados y tan poco queridos políticos profesionales de hoy. Dice literalmente:  En la actual España, recuperar la voz de un cónsul del siglo I antes de Cristo sólo demuestra que la sociedad evoluciona, pero que los hombres siguen tropezando en los mismos vicios de ayer.

J. Ors cita algunas reflexiones de Cicerón de rabiosa actualidad, como la siguiente: «No hay vicio más execrable que la codicia, sobre todo entre los próceres y quienes gobiernan la nación, pues servirse de un cargo público para enriquecimiento personal resulta no ya inmoral, sino criminal y abominable». 


El artículo de Público, edición digital, aparecido el 7 de septiembre y firmado por  A. Torrús, se titula directamente por su parte: “Diez consejos de Cicerón a Mariano Rajoy”. El autor no sólo considera que el pensamiento de Cicerón sigue de plena actualidad tras la lectura del libro de Freeman dos mil años después, sino que además se atreve a extraer de él algunos consejos que le brinda personalmente al presidente del gobierno de la nación.

El primero es que la corrupción destruye a la nación. Para Cicerón, subraya A. Torrús, la corrupción se había convertido en un verdadero cáncer que devoraba el corazón del Estado. Y nos recuerda cómo el joven Cicerón, cuando todavía no era más que un desconocido, se enfrentó y derrotó en los tribunales al corruptísimo exgobernador de Sicilia, Gayo Verres. 

Otro de los consejos es que la inteligencia y la formación culturales (incluido el dominio de los idiomas extranjeros, especialmente del inglés, apunto yo; nunca es tarde para aprenderlo) no son cosas superfluas u ornamentales que estén de más en un gobernante, sino necesarias para  la gobernanza, como dicen los mandamases cuando no optan por el horrísono término de gobernabilidad, de un país en los tiempos actuales. 

Cicerón también opina que el gobernante debe poseer una integridad moral excepcional. El buen gobernante debe "destacar por su coraje, aptitud y su resolución". En su opinión presidir un país es como gobernar una nave, sobre todo cuando empiezan a soplar vientos de tempestad: si el capitán no es capaz de mantener un rumbo constante, la travesía se resolverá en desastre para cuantos viajan a bordo.

Esta comparación que hace Cicerón, apunto yo, entre presidir un país y gobernar una nave viene de muy atrás, de tan atrás como que para los romanos la palabra GUBERNUM, que es el origen de nuestro “gobierno”, significaba en principio“timón de una nave”, es decir, gobernalle, y el verbo GUBERNARE, antes de evolucionar a “gobernar” en sentido general, significaba “dirigir una nave manejando el timón”. 

También el arpinate (Cicerón había nacido en Arpino, una pequeña localidad latina) le aconsejaría a nuestro presidente del gobierno, según el periodista de Público, que no hay que subir los impuestos salvo que sea excepcionalmente necesario. "Quien gobierne una nación debe encargarse de que cada uno conserve lo que es suyo y de que no disminuyan por obra del Estado los bienes de ningún ciudadano", señala.

Otro de los consejos que el periodista extrae del libro y se lo brinda a don Mariano Rajoy es que jamás hay que empezar una guerra injusta. Esta máxima de Cicerón cobra especial relevancia cuando se ha conocido el apoyo incondicional del Gobierno, que no del pueblo español, a la decisión del premio Nobel de la Paz, ¡qué paradoja!,  el presidente de los Estados Unidos de América Barack Obama, el nuevo Martin Luther King,  como quisieron ver algunos ingenuos en él,  de lanzar una ofensiva militar, es decir, de hacerle la guerra sin eufemismos, a Siria.

Por mi parte, además de alegrarme de que la lectura de un clásico como Cicerón, al que traducen a duras penas todavía hoy nuestros alumnos de Latín de 2º de Bachillerato,  siga resultándonos de provecho, aprovecho, valga la redundancia,  para recordaros algunas máximas ciceronianas especialmente celebradas:
-Cedant arma togae! (¡Cedan las armas a la toga, es decir, al poder político! Aunque entre nosotros la toga representa al poder judicial, para los romanos era el símbolo del poder político).
-O tempora, o mores! (¡Oh tiempos, oh costumbres! Queja eterna de quien lamenta la corrupción de los tiempos y la decadencia de las costumbres actuales)
-Dum spiro, spero (Mientras hay vida, hay esperanza: Juego de palabras entre “spiro” estoy vivo porque respiro,  y “spero” albergo una esperanza).
-Legum serui sumus ut liberi esse possimus. (Somos esclavos de las leyes para poder ser libres)
-Summum ius, summa iniuria. (Máxima justicia, máxima injusticia. Quiere decir Cicerón con estas palabras aparentemente contradictorias que llevar la justicia a sus mayores extremos puede resultar una tremenda injusticia al fin y al cabo).
Y, por supuesto: Quousque tandem abutere, Catilina, patientia nostra? Suele utilizarse a veces este latinajo cambiando el vocativo que va entre comas y colocando el nombre propio de quien sea objeto de nuestra invectiva: ¿Hasta cuando en fin abusarás, Catilina o el político corrupto de turno que venga a ocupar su sitio, de nuestra paciencia?

viernes, 6 de septiembre de 2013

Infinitas islas griegas ("Lágrimas" de Hölderlin)




Tränen

Himmlische Liebe! zärtliche! wenn ich dein
Vergäße, wenn ich, o ihr geschicklichen,
Ihr feurgen, die voll Asche sind und
Wüst und vereinsamet ohnedies schon,

Ihr lieben Inseln, Augen der Wunderwelt!
Ihr nämlich geht nun einzig allein mich an,
Ihr Ufer, wo die abgöttische
Büßet, doch Himmlischen nur, die Liebe.

Denn allzudankbar haben die Heiligen
Gedienet dort in Tagen der Schönheit und
Die zorngen Helden; und viel Bäume
Sind, und die Städte daselbst gestanden,

Sichtbar, gleich einem sinnigen Mann; itzt sind
Die Helden tot, die Inseln der Liebe sind
Entstellt fast. So muß übervorteilt,
Albern doch überall sein die Liebe.

Ihr weichen Tränen, löschet das Augenlicht
Mir aber nicht ganz aus; ein Gedächtnis doch,
Damit ich edel sterbe, laßt ihr
Trügrischen, Diebischen, mir nachleben.



Lágrimas

Celeste, tierno amor, si llegara yo
de ti a olvidarme… ¡Oh islas fatales, oh
ardientes, que ceniza sólo
sois y desierto y ya asoladas,

queridas islas, ojos que enhechizáis,
vosotras sólo ya me importáis a mí,
orillas celestiales donde
idolatrado el amor expía!

Con gratitud sirvieron los santos, pues,
a la belleza en tiempos allí y también
los fieros héroes y se alzaron
árboles muchos allá y ciudades

visibles como un hombre sensato;  ya han
los héroes muerto, e islas de amor están
borradas casi. Así, engañado,
loco, el amor estará en el mundo.

Vosotras, tiernas lágrimas, no borréis
luz de mi vista toda; dejad que algún
recuerdo, falsas y furtivas,
porque yo muera feliz, perviva.





El amor del poeta alemán Friedrich Hölderlin (1793-1843)  por la antigua Grecia le llevó a cultivar metros y estrofas clásicas, que adaptó a su lengua, como esta estrofa alcaica,  que hemos reproducido en la traducción y que lleva el nombre del poeta griego Alceo, compuesta por cuatro versos: dos endecasílabos agudos, un eneasílabo y un decasílabo, donde la ausencia de rima, que los griegos y romanos desconocían, se compensa con una distribución rítmica regular de tiempos marcados y no marcados que se repite dentro de cada verso.  



Sobre Hölderlin ha escrito el profesor Francisco Rico: “Su poesía muestra una síntesis panteísta entre el espíritu dionisíaco y el cristianismo, en un intento por conciliar al hombre con lo divino y de imaginarse a sí mismo como profeta de una nueva era de la humanidad (y en especial de la patria alemana) alentada por el espíritu de Grecia. Hölderlin concibe vida y poesía como una misma entidad, a la manera romántica, pero en la factura del verso y de la estrofa trabaja con delicadeza la métrica tradicional…”



En 1807 se volvió loco y desde entonces vivió recluido en una torre hasta el día de su muerte. Escribió poemas, un relato epistolar titulado “Hiperión” y una tragedia inconclusa “Empédocles” impregnados de lirismo. En la tragedia, el filósofo Empédocles se suicida arrojándose al cráter del volcán Etna, como si quisiera  morir para renacer, en una mezcla del espíritu pagano de Orfeo en su viaje a los infiernos y de Jesucristo resucitado.



Ha influido en muchos poetas posteriores de todo el mundo, y,  en cuanto a las letras españolas se refiere,  especialmente en la poesía de Luis Cernuda, que tradujo del alemán además algunos de sus poemas a nuestra lengua. 

lunes, 2 de septiembre de 2013

De boca en boca



Boca se decía en latín clásico OS, palabra de la que sólo nos han quedado algunos cultismos en español, como por ejemplo el diminutivo ósculo, literalmente “boquita”, usado con el significado de beso respetuoso o afectivo que se da con la boca cerrada, o el curioso verbo oscilar, que significaba moverse o balancearse como hacían los OSCILLA, o mascarillas que se colgaban de los árboles como ofrenda  a varias divinidades, sobre todo al dios Baco en relación con la cosecha de las viñas. Los OSCILLA eran por lo tanto boquitas o, tomando la parte por el todo, caritas.  Como los OSCILLA se movían cuando soplaba el viento, el verbo OSCILLARE pasó a significar moverse por efecto del viento, y de ahí nuestro oscilar y nuestras oscilaciones.



La raíz OS se convierte en OR- modificada en función de la aplicación de lo que se conoce como ley del rotacismo, por la que una –S- entre vocales se convertía en –R-, por ejemplo rus en singular, el campo, y rura, en plural, los campos, de donde tenemos los adjetivos rústico y rural. El plural de OS, como neutro que es, era *OS-A, que por el rotacismo pasó a OR-A. De ahí procede el cultismo oral, relativo o concerniente a la boca;  orificio, utilizado por extensión para cualquier abertura o agujero, y el verbo orar con su significado de “hablar por la boca y pedir algo” y su numerosa corte de derivados como: orador, oratoria, oratorio, oración, oráculo, adorar, e inexorable, uno de esos palabros que tanto gustan a los políticos, un imble, como los llama Rafael Sánchez Ferlosio a los adjetivos que empiezan por “in”, que es el prefijo negativo,  y que acaban por “ble”, sufijo que significa que algo puede ser y que es susceptible o digno de algo, pero que al estar negado por el prefijo resulta que no, que es imposible, que es el paradigma de todos ellos. Inexorable: que no se puede conseguir con ruegos oratorios y por lo tanto es inevitable.Gustan nuestros políticos de convertir estos adjetivos que les son tan gratos en adverbios en -mente, con lo cual crean unas palabras inexorablemente largas y monstruosas, cuyo significado último es que la realidad es como es y que las cosas son como son y que ellos no van a cambiarlas.

Pero nuestra boca, la castellana, catalana, gallega y portuguesa,  no viene del culto OS, sino de la palabra latina más vulgar BUCCAM, de donde proceden también el francés bouche, el italiano bocca y boccata, y el rumano bucal. 

La evolución de BUCCAM es muy sencilla: Tras la pérdida inexorable de la -M final de los acusativos latinos, que sólo conservamos en latinajos como currículum,  referéndum, médium y demás, BUCCA,  la U breve y tónica cambió su timbre a O,  BOCCA, y la C geminada se simplificó, BOCA.


Como derivado culto de BUCCAM tenemos el adjetivo bucal, palabras patrimoniales tenemos muchas más, como por ejemplo bocado y bocadillo, que, como diminutivo de bocado, significaba en principio pequeña porción de comida, y que hoy en día entendemos siempre metido en un panecillo abierto en dos mitades. El término coloquial bocata -¿tomado del italiano boccata?- que vale por bocadillo también procede en último término de BUCCAM.

Bocanada es otro derivado de boca, que en principio alude lo que se puede tener en la boca, líquido, humo o, simplemente,  aire fresco.

El verbo boquear significa en principio abrir la boca, aunque también puede connotar expirar, es decir, llegar al final porque uno lo hace por última vez.

El boquerón, también llamado bocarte,  es un pez similar a la sardina, aunque más pequeño, con el que se preparan las anchoas cuando se mete en salazón, y que se denominó así por su gran boca un tanto desproporcionada con el resto del cuerpo.

Un boquete es una brecha o rotura en una pared o muralla, una boca que se le abre a algo, metafóricamente hablando.

Boquilla es un diminutivo de boca, con varios significados relacionados con instrumentos musicales o con el tabaco, entre otros.

Un bocazas es alguien que habla por los codos, más de lo que aconseja la discreción, alguien en definitiva que no tiene en cuenta que por la boca muere el pez y que en boca cerrada no entran moscas. Es preciso hacer apología del silencio en un mundo tan ruidoso como en el que nos ha tocado vivir.

El verbo abocar también deriva de boca. Tenía un significado primitivo de derramar el contenido de un recipiente en otro, para lo que es menester arrimar las bocas de ambos, y de ahí ha desembocado en acercarse a la supuesta “boca” de algo, por ejemplo en una frase como: Muchos jóvenes están abocados al paro.

Otro verbo derivado de BUCCAM es embocar, que en principio significa tragar algo con la boca,   y su contrario desembocar, que significaría salir como por una boca, como hacen los ríos cuando desaguan en otro río, en un lago o en la mar salada.

 Desbocar es otro verbo que se utiliza sobre todo cuando se habla de caballos desbocados, es decir, que no obedecen al freno que se les pone en la boca.

De bucca probablemente existió en latín vulgar un adjetivo *bucceus o *buccius “relativo a la boca”, que aunque no está atestiguado, explica el origen de nuestro bozo, el nombre del vello que apunta sobre el labio superior de los jóvenes antes de salirles la barba, y, derivado del bozo sería el bozal, que se les pone por ejemplo a los perros para que no muerdan, con lo que se les tapa la boca.

Embozar sería cubrir la parte inferior del rostro, de ahí que el embozo de la sábana de la cama sea la doblez que toca al rostro, propiamente a la boca. Y de ahí no hay ya más que un paso para explicar el significado de rebozar: cubrir y por lo tanto ocultar el rostro con la capa o el manto, y,  pasando a la gastronomía, recubrir un alimento con huevo batido, harina, pan rallado, miel, y un largo etcétera.

Hay además en nuestra lengua numerosos compuestos cuyo primer elemento es la boca que nos ocupa: bocacalle, bocamanga o boquiabierto, que no necesitan mucha explicación.

Posiblemente, la palabra buche, con el significado habitual de bolsa o papo que comunica con el esófago de las aves donde se reblandece el alimento, y,  por extensión,  estómago en general, y sus derivados embuchar y desembuchar  podría derivar también de ahí. 

En Roma se encuentra una de las bocas más célebres del mundo,  la Bocca della Verità, es decir, la boca de la verdad. Un rostro de mármol en forma circular ubicado en la iglesia medieval de  Santa Maria in Cosmedin,  ante el que hacen cola los turistas que visitan la ciudad eterna para hacerse la típica foto metiendo su mano en la boca.    La máscara, que tiene un diámetro de algo más de un metro y medio, data del siglo I, y representa un rostro masculino con barba en el cual los ojos, la nariz y la boca están perforados y huecos. Probablemente este mármol fuera una fuente o la tapa de una alcantarilla, hallado como fue cerca de la Cloaca Máxima.

Cuenta la leyenda que el que mete su  diestra en la boca debe hacer alguna afirmación ante los presentes; si esa afirmación no fuera cierta,  se cerraría la boca de la verdad y el que ha metido la mano la perdería de un  mordisco de la marmórea efigie, quedándose manco para siempre. ¿Alguien se atreve a meter la mano, después de esto, y decir algo en el acto que sea verdadero de verdad? ¿Qué hará la bocca della verità si le decimos algo así como que la verdad es que no hay verdad?